lunes, 23 de junio de 2014

EL GÉNERO DRAMÁTICO

 
 
Las características  del texto dramático son:  
  • No plantea una relación directa entre autor y receptor, no hay entre ellos intimidad, porque  requiere la presencia del actor que sirve de intermediario.
  • Se desarrolla en un espacio concreto que puede representar cualquier lugar imaginario o real, y durante un tiempo limitado. El texto da pie a un espectáculo, pues está pensado para ser representado y no para ser leído.
  • Se entiende por espectáculo a un conjunto de personas y elementos que se ponen en contacto con un público en un espacio teatral.   Esta característica no permite la posibilidad de hacer una repetición o relectura;  cada espectáculo es único e irrepetible.
  • La obra teatral no puede  prescindir del público.  
El género dramático requiere para su materialización:
  • Un autor de la obra responsable del texto.
  • El texto o guión.
  • El director escénico que transforma la letra en vida escénica.
  • Actores y actrices que ponen su cuerpo al servicio de seres ficticios: los personajes.
  • Accesorios escénicos: decorados, luces, maquinaria, maquillaje, sonido . 
  • Público.
  • Sala o escenario. El lugar donde se reúnen los espectadores y toda la nómina teatral.
 
 
En el género dramático hay que diferenciar dos tipos de texto:
  • TEXTO PRINCIPAL:  La estructura teatral traslada una conversación entre personajes, que intercambian sus papeles de emisor y receptor. En el texto se reconoce el parlamento de cada uno mediante la colocación de su nombre junto al mensaje que traslada. El diálogo es, pues, el recurso esencial del género dramático.  
  • y realiza una triple función:
  • Función primaria: Crea y desarrolla la acción dramática.
  • Función secundaria: Configura los personajes a través de palabras que reflejan su pensamiento.
  • Función terciaria: Informa sobre el espacio y el tiempo.
  • TEXTO SECUNDARIO:   Recibe también el nombre de acotación. Contiene las indicaciones que el autor traslada a los actores y director de escena para orientar la representación. Ellas completan la configuración de los personajes y precisan el significado del diálogo, el espacio, el tiempo, el movimiento, el sonido y la luz.
 
 
 
La obra teatral, como cualquier otra narración, se construye con planteamiento, nudo y desenlace. 
 
  
 
El texto se divide en  actos, generalmente tres que coinciden con cada uno de los momentos narrativos, divididos en escenas, tiempo dramático comprendido entre la entrada o salida de la escena de un personaje.
El texto se compone diálogos y acotaciones. La función predominante es la apelativa: la historia y el argumento se desarrollan a través del diálogo entre los personajes. Desaparece el narrador y sólo aparecen los personajes que hablan entre sí, sin ninguna intermediación.
Las acotaciones son las indicaciones del autor, que no pronuncian los personajes,  y aportan al lector, al actor o al director de escena información que sucede o que ha de interpretarse mientras, antes o después de que se pronuncien frases del diálogo.
El espacio escénico y los decorados trasladan al espectador a un lugar y momento concretos. En ellos hay signos visuales y auditivos.
 
 
Los personajes teatrales se pueden clasificar de la siguiente manera:
  • SEGÚN SU IMPORTANCIA EN LA ACCIÓN:
    • Principales (protagonista y antagonista) También propios de la narración.
    • Secundarios (ayudantes y oponentes) También propios de la narración
    • Figurantes. Sirven para crear ambiente y no intervienen en el drama a través de la palabra, sino solo de la acción.
  • SEGÚN SU CARACTERIZACIÓN:
    • Personajes redondos: Con profundidad psicológica.
    • Personajes planos: Simples soportes de un rasgo o idea.
    • Convencionales. Por ejemplo el marido celoso, el soldado fanfarrón, el criado holgazán… Encarnan rasgos fijos desde el nacimiento del teatro.
    • Alegóricos: Surgidos en el teatro medieval y frecuentes en el moderno. Representan ideas abstractas o colectivos. Por ejemplo la muerte, la monarquía, la amistad, los celos, la sabiduría popular…
    • Corales. Con origen en el teatro clásico griego, donde el protagonista dialogaba con el coro, que se encargaba de informar acerca de los hechos que no se ven en escena. Representan también la opinión de la sociedad sobre los personajes y la acción. Son aquellos que representan a colectividades y a sus opiniones en la escena.
Aunque el teatro se caracterice por el diálogo como forma de expresión entre los personajes, en su origen está el monólogo. No hay auténtico diálogo dramático hasta el Renacimiento. La forma estilística teatral fue el verso hasta bien entrado en siglo XVII. En la actualidad el texto teatral suele aparecer en prosa, imitando el habla de los grupos sociales que se desean representar.
 
ORIGEN DEL TEATRO
 
    El hombre es un ser mimético, es decir, finge y copia para obtener un beneficio material o el placer de jugar. Por eso se disfraza, o imita ademanes, voces y actitudes de otros en fiestas o espectáculos. Hace teatro. Todas las liturgias religiosas también son representaciones dramáticas.
El teatro como género literario nace en occidente en Atenas, entre los siglos VI y V A. C., a partir de los ritos en honor al dios Dionisio (dios de la vendimia y del vino;  de los excesos).  
    Generalmente,  estas ceremonias primitivas consistieron en que una procesión de danzantes seguía un carro,  recorriendo las calles con la estatua del dios.  Estos jóvenes se proponen  representar a los sátiros, compañeros de fiesta del dios, y se proponen  alcanzar el éxtasis dionisiaco.  Estas ceremonias evolucionarán hacia la representación teatral, momento en que cada una de las ciudades y colonias importantes, comenzará a contar con un teatro.

Aristóteles,  impuso fuertes restricciones en la estructura de la acción, el espacio y el tiempo en el teatro. A esto se le denominó REGLA DE LAS TRES UNIDADES.
 
 
Tomado de:  angarmegia.com/generodramatico.htm
 
 
 
RESUMIENDO
 
 
 

lunes, 9 de junio de 2014

CORTÁZAR

/ EFE


Observa el siguiente cortometraje realizado por estudiantes de 4° año del Seminario de Cine, Televisión y Audiovisual de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la República (UDELAR).

1) Deberás señalar las diferencias con el cuento de Cortázar, Continuidad de los Parques
2)  Ahora inventa un final cerrado para el texto creado por el autor.

Ambas actividades, realizadas de forma individual,
 serán entregadas por escrito
el día 27 de junio de 2014,  sin excepción.

 
ob

 

EL REALISMO MÁGICO EN CORTÁZAR, Continuidad de los parques


Literatura latinoamericana

     La literatura latinoamericana surge, estrictamente, con el advenimiento del modernismo de José Martí, Rubén Darío, José Asunción Silva, apartándose del cánon europeo. 

El momento de mayor auge de la literatura latinoamericana surge mediante el denominado Boom y que corresponde con la denominada literatura real-maravillosa.  



   
 
 

      El término Realismo Mágico no es originario de la literatura, y fue acuñado hacia 1925 por el crítico alemán Franz Roh, quien lo utilizó para describir a un grupo de pintores post-expresionistas, pero después fue tomado por los críticos literarios para definir una nueva tendencia narrativa hispanoamericana entre 1950 y 1970.       El realismo mágico se puede definir como la preocupación estilística y el interés en mostrar lo común y cotidiano como algo irreal o extraño: el tiempo existe en una especie de fluidez intemporal, y lo irreal acaece como parte de la realidad. El escritor se enfrenta a la realidad y trata de desentrañarla, de descubrir lo que hay de misterioso en las cosas cotidianas, la vida y las acciones humanas.       El realismo mágico no es una expresión literaria mágica, su finalidad no es la de suscitar emociones, sino más bien expresarlas. La estrategia del escritor pasa por sugerir un clima sobrenatural sin apartarse de la naturaleza, deformando para ello la percepción de las cosas, los personajes y los acontecimientos reconocibles del argumento. Para esta finalidad, el escritor se abstiene de emitir juicios lógicos, no destaca las ambigüedades ni se detiene en análisis psicológicos de sus personajes, que, además, jamás se desconciertan frente a los eventos sobrenaturales que viven. En contraposición a las definiciones clásicas de lo que es la literatura fantástica, el realismo mágico expresa una alteración milagrosa de la realidad, en la que se evita inducir cualquier efecto de sobrecogimiento o terror frente a los hechos sobrenaturales que se describen. Esta expresión de emociones no se hará en forma poética, sino en prosa (novelas y cuentos) porque, al fin, lo que se pretende es narrar una historia.      El realismo mágico tiene sus raíces en la propia cultura latinoamericana, a partir de las interpretaciones de los europeos en la etapa de la colonización del nuevo continente. Las crónicas españolas de esa época (siglos XVI-XVII) son ricas en el relato y descripción de cosas absolutamente maravillosas, producto de la extrañeza que provocaba en los exploradores todo lo que veían en sus viajes, desde animales fantásticos hasta ciudades ocultas, pasando por fuentes de la eterna juventud y árboles cuyos frutos eran capaces de proporcionar lo que los hombres necesitaban para su subsistencia.       Durante los años 20 y 30 del siglo XX, muchos escritores y artistas latinoamericanos viajaron a Europa para incorporarse al surrealismo, buscando los aspectos sobrenaturales necesarios para crear una realidad basada en los sueños y el subconsciente. Cuando esos artistas latinoamericanos volvieron a América, cayeron en la cuenta de que la realidad con la que se reencontraban en sus países tenía un nuevo sentido para ellos, porque los indios y los negros americanos vivían en una realidad afincada en lo mágico sin recurrir a los sueños que tanto preocupaban a los europeos. Esa mezcla de fantasía y realidad surge también de una línea directa nacida de nuevo en Europa de la mano de narradores como Franz Kafka (El castillo, La metamorfosis, El proceso), que pretendía reflejar lo absurdo de la sociedad humana a través de lo fantástico hecho cotidianidad, precisamente como forma de mostrar el absurdo existencial.
     Cuando se habla de realismo mágico en Cortázar, se alude ciertamente a la distorsión temporal y espacial, a la combinación de lo real con lo irreal, a la fundición de elementos fantásticos, extraños, grotescos, con situaciones cotidianas perfectamente plausibles.
  MAPA CONCEPTUAL SOBRE EL REALISMO MÁGICO: CARACTERÍSTICAS Y EXPONENTES

jueves, 22 de mayo de 2014

domingo, 18 de mayo de 2014

Introduccion al Lazarillo de Tormes

http://www.slideshare.net/pedrojesus1963/lazarillo-de-tormes-16405993#

y

chimichurris1ba.files.wordpress.com/2010/03/el-lazarillo-de-tormes.ppt
     


Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.(...)

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

MIGUEL HERNÁNDEZ






viernes, 16 de mayo de 2014

Lázaro de Tormes-Episodio de la longaniza


Las moiras


EL HILO DE LA VIDA. DIOSAS TEJEDORAS EN LA MITOLOGÍA GRIEGA

Olaya Fernández Guerrero
Universidad Nacional de Educación a Distancia (La Rioja)

 

Los mitos –y en particular los mitos griegos– son respuestas a las cuestiones que han inquietado desde siempre a los humanos;  hablan de nuestros modos de ser y percibir la realidad.   Los mitos son tópicos, lugares comunes del pensamiento en los que se hacen patentes arquetipos, símbolos y núcleos significativos que proporcionan claves muy valiosas para comprender mejor lo humano.

Desde la perspectiva del tiempo, la existencia humana se caracteriza por dos notas fundamentales: la sujeción al dinamismo y al cambio irreversible (somos seres en devenir), y la precariedad originaria que se deriva de nuestra condición de seres finitos (somos seres mortales). Para una aproximación a esa temporalidad es crucial la noción de ‘recorrido’, referida a ese intervalo entre el nacimiento y la muerte que es el tiempo de la vida concreta por el que nos deslizamos sin saber de cuánto tiempo disponemos pero con la certeza de que ese tiempo es limitado.

En la mitología griega, esta dimensión lineal e irreversible de cada vida humana en concreto está simbolizada por las tres Moiras, también denominadas Parcas en la tradición romana, que aluden al tiempo acotado y finito propio de los humanos y que se contraponen a Cronos, dios que encarna el tiempo cíclico de la naturaleza por el que se rige el orden cósmico.

Según la primera versión del mito recogida por Hesíodo en su Teogonía - Trabajos y días. Escudo. Fragmentos. Certamen.  Madrid, Gredos, 1978, p. 80 -,  las Moiras son hijas de la Noche, y las define como ‘vengadoras implacables’:   Cloto,  Láquesis y  Átropo.  En otro pasaje posterior de la misma obra, el autor incurre en una contradicción al afirmar que Zeus se unió a Temis y que fue ésta quien parió a las Moiras.

Estas hermanas son tres hilanderas que se encargan de trazar la urdimbre de la existencia humana. Cada vida en particular es representada por una hebra de lino que sale de la rueca de Cloto, es medida por la vara de Láquesis y sufre el corte de las tijeras de Átropo cuando llega la hora de la muerte. Estas hilanderas trabajan en la oscuridad y ocultas a las miradas ajenas, en un espacio inaccesible a los humanos, en ese no-lugar y no-tiempo propios de los mitos. Precisamente esa ubicación en el abismo del no-tiempo −ese tiempo ontológicamente anterior al tiempo– posibilita que las Moiras tengan entre sus manos, literalmente, el poder de decidir sobre el tiempo humano y de acotar cada existencia individual. Asimismo, este mito refleja que el trabajo típicamente femenino de tejer, y el poder que se deriva de esa labor, permanece condenado a la invisibilidad, es una tarea realizada ocultamente: las Moiras, en tanto que hijas de la Noche, permanecen recluidas en el ámbito invisible al que pertenece todo aquello que no tiene reconocimiento en el orden masculino, que es ilegítimo y clandestino porque forma parte de una genealogía exclusivamente femenina.

En diversos relatos de la mitología se establece un estrecho vínculo entre figuras femeninas y labores de tejido e hilado, o de manejo de los hilos en general (y manejar los hilos… ¿no es acaso metáfora de poder?).  Además,  de ser labores típicamente femeninas, tejer e hilar son metáforas del devenir del tiempo, del desarrollo de acontecimientos. Esa interpretación del hilo en clave de temporalidad se verá de modo claro en el análisis de las Moiras, las tres hilanderas mitológicas encargadas de urdir los destinos humanos.

Átropo es la más menuda de tamaño,  pero a la vez la más terrible y la que genera más angustia, pues representa la cancelación definitiva del fluir del hilo de la vida.

A cambio de ese poder sobre las vidas humanas, las Moiras pagan un alto precio: ellas están obligadas a tejer los hilos de los destinos de otros pero nunca tejerán el suyo propio, y aquí reside su drama: no son ni podrán ser nunca hacedoras de su propio destino. Este mito indica de modo metafórico que la trama de lo cotidiano −representada por el hilo de la existencia que tejen las Moiras– que las mujeres confeccionan en el espacio doméstico (el espacio invisible por excelencia) tiene una influencia determinante sobre los seres humanos, pero la importancia de esa labor no es reconocida porque se desarrolla de modo oculto. Las Moiras nos recuerdan que el trabajo femenino, en un sentido simbólico, ha consistido tradicionalmente en entretejer las vidas y darles trabazón, garantizando con su callada y constante labor doméstica la base de bienestar material imprescindible para subsistir y sostener la vida.

El poder de las Moiras es innegable: urden los hilos por los que se rige el itinerario de la vida, todas sus acciones influyen en el orden humano ya que estas hilanderas se ocupan permanentemente de entretejer el hilo de cada existencia con los demás hilos, combinando y trenzando unos con otros, separándolos después para quizás no volver a juntarlos nunca más. Ese quehacer textil simboliza los vuelcos del destino que surgen siempre inesperadamente, y que llevan a Hesíodo a afirmar que las Moiras «conceden a los hombres mortales el ser felices y desgraciados».

Por medio de este mito el pensamiento griego toma conciencia de la precariedad humana, «sabe que su vida está ya decidida por el destino, la Moira.  ‘Moira’ en griego significa ‘parte’, es la parte que nos toca, la porción de buena y mala suerte que corresponde a cada cual y que a priori resulta desconocida.  Asimismo, hilar y tejer son metáforas del devenir temporal, y la hebra que las Moiras confeccionan para cada humano expresa la singularidad del destino individual. El hilo que constantemente va tomando forma entre las manos de las Moiras es un trasunto del fluir ininterrumpido de la vida, y cada una de las tres hilanderas míticas representa uno de los tres polos de temporalidad de la existencia humana: pasado, presente y futuro. Cloto, la que hila, es el pasado; esa hebra de nuestra existencia que se ha ido desplegando,  progresivamente y entrecruzando con otras hebras. Láquesis, la que mide el hilo o va enroscando el ovillo, es metáfora del presente: la porción de hilo que llevamos recorrida nos da la medida de lo que somos en el momento actual.

Y las posibilidades de lo que llegaremos a ser en el futuro vienen dadas por el trozo de hilo que nos resta; esa porción de hilo siempre está por tejer, y en su extremo final nos espera Átropo, que alude a la certidumbre de la propia muerte: las tijeras de esta Moira nos esperan al final del camino, y en este sentido el poder de Átropo sobre los destinos humanos es absoluto.